miércoles, 19 de junio de 2013

Colaboración: Delhi no está lejos de Ruskin Bond

Idioma original: inglés
Título original: Delhy is not far 
Año de publicación: escrita en la década de los 60, incluida en la colección Delhi Is Not Far: The Best of Ruskin Bond en 1994 como novela corta. Publicada íntegramente en 2003.  
Valoración: Muy recomendable

En esta pequeña Ciudad de la alegría unos personajes ínfimos e irrelevantes huyen de la grandilocuencia de las epopeyas. Delhi no está lejos, al menos no tanto como los sueños de los tres protagonistas que nos invitan a ser testigos de su búsqueda al mismo tiempo resignada y esperanzada.

En la soledad de vidas vacías nos transportan a una realidad fantástica, donde se juntan la epilepsia y la amistad, los sindicatos de mendigos y los fantasmas, entretejiendo los mil matices de vidas tan rotas como vivas. La ironía del relato transmite la dulce lucha por la supervivencia. Una fotografía de la India alejada de los BRICS [Acrónimo referido a los países de economías emergentes: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica], y cercana a las millones de personas que (¿mal?)viven en (literalmente) sus calles.

Quizás sea difícil desde la comodidad de nuestro asiento imaginar los cuerpos enjutos, los pies callosos y el monzón azotando la piel y el alma de los personajes. Lo que en absoluto será difícil es captar su humanidad, sentir su humildad, y relativizar nuestros problemas ante la cruda realidad de la absoluta carestía material y la ausencia de oportunidades en una India aparentemente repleta de ellas.

¿Dónde están finalmente los sueños? No tan lejos. En intimidades no del todo explicitadas, en amistades desinteresadas. La libertad, más cerca que lejos, y más prisionera de uno mismo que de cualquier otra cárcel que podamos construir como excusa a nuestra propia cobardía.

Al final nos quedamos con una historia humilde y sincera, y con una fotografía multicolor de un país indefinible. Con un sabor agridulce entre la satisfacción del sueño y la lucha por la supervivencia. Nos quedamos con la búsqueda y con el encuentro, con la partida y con la permanencia, con la libertad. Al fin y al cabo, Delhi no está tan lejos.

Firmado: Javier López Prol

martes, 18 de junio de 2013

Ian McEwan: Sábado

Idioma original: inglés
Título original: Saturday
Año de publicación: 2005
Traducción: Jaime Zulaika
Valoración: recomendable

Henry Perowne es un hombre feliz. Vaya: la contratapa ya me presenta un mejor augurio que algún otro libro de McEwan. Si bien debo reconocer que el aire british aquí no es tan añejo, sí que me pone algo nervioso el inmediato aroma clasista que trasluce apenas nos adentramos en las páginas de esta novela. Que nos presenta a una idílica familia de triunfadores, una especie de familia Addams del talento multi-disciplinar (conseguido a base de codos y esfuerzo, pero cuyo rendimiento económico es disfrutado sin cortapisas: esta es una novela tan post-2001 como pre-2008) en la que cada pieza encaja en sus goznes, hasta que un hecho casual lo altera. Como McEwan es un escritor solvente, el hecho se enmarca en Londres, en medio de un día de manifestaciones, en medio de tumultos y cortes de tráfico en los que se encuentra Perowne, reputado neurocirujano (alguna de sus intervenciones muy documentadamente descrita por el autor) y hombre feliz, que lo único que quiere es volver a casa tras una dura jornada en el quirófano.

Pero todo se tuerce, y la burbuja de clase alta en la que Perowne y su familia viven plácidamente estalla, y la familia se ve obligada a interactuar con un entorno no tan afortunado como el suyo. Un poco al uso del Sherman McCoy de La hoguera de las vanidades, Perowne se mete con su coche de lujo en un barrio equivocado.  Y ese es el hecho casual que marca la novela. Eso, y el dilema ético del protagonista, que ni con serio peligro de su integridad abandona su profesión y su ética. Todo muy cinematográfico, todo muy bien pergeñado, pero con un tono, a mi gusto, algo excesivamente moralizante. Como si los malos lo fueran tanto que no dejan ni a los buenos que sean buenos. Por lo demás, la ambientación de la novela es muy buena y el estilo de McEwan no tiene nada que se pueda reprochar. Puede que una pizca de frialdad, pero son  indiscutibles su oficio y su eficacia como escritor.

Aunque le sobran unas cuantas páginas para una trama tan sucinta, Sábado es una buena novela. Elegante, visualmente muy efectiva (me sorprende que a nadie se le ocurriera adaptarla para el cine) y con un indudable toque contemporáneo que la hace muy disfrutable. Puede que el tiempo le pase factura algo más aprisa de lo normal. En el mundo de hoy en día ese perfil acomodado de sus personajes resulta algo fuera de lugar. La empatía que causa Perowne, educado y correcto en su afán de ayudar a los demás, veríamos si la causaría si su personaje fuera, no sé, un político o un ejecutivo de banca.

También de Ian McEwan en Unlibroaldía: Chesil BeachSolar, y Expiación ( en la serie Grandes villanos literarios)

lunes, 17 de junio de 2013

Guadalupe Nettel: El matrimonio de los peces rojos

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable



Hay momentos en la vida en los que tiene lugar un acontecimiento que nos cambia y que marca de forma indeleble el resto de nuestra existencia. Todo nos influye y nos afecta cuando nos encontramos en uno de esos momentos, especialmente las personas que están a nuestro alrededor. En El matrimonio de los peces rojos (último libro de relatos de la escritora mexicana Guadalupe Nettel), sin embargo, los seres que más influyen y cambian la vida de los protagonistas y cuya presencia supone un antes y un después en su rutina son los animales que viven con ellos.

Un par de peces rojos, una invasión de cucarachas, una pareja de gatos, un hongo y una serpiente son los seres que aparecen en los cinco relatos que conforman este libro y que resultan ser tan importantes para las historias que narra Nettel como los seres humanos que las protagonizan, pues, si bien en un principio su presencia puede parecer meramente anecdótica, poco a poco terminan por convertirse en el centro de atención de los personajes (porque, se den cuenta o no, se ven reflejados en ellos) y, por tanto, de la narración.

A través de estas historias, la autora aprovecha para mostrar no sólo las diferencias de comportamiento de los animales y los seres humanos ante la misma situación, sino que también ahonda en las reacciones que tenemos las personas ante situaciones (como la maternidad, los problemas de pareja, la confusión que llega con la adolescencia) que, a pesar de ser naturales y de lo más corrientes, suelen sobrepasarnos y, a menudo, hacen que tomemos decisiones irracionales e ilógicas.

Si bien el último relato resulta ser un poco flojo (quizá porque nos vemos obligados a compararlo con los cuatro primeros, de gran calidad), El matrimonio de los peces rojos es, en general, un libro muy interesante y una excelente manera de adentrarse en el universo literario de su autora. Como los buenos platos (que no llegan a saciar del todo y siempre dejan con ganas de más), esta obra nos gusta, claro, pero nos deja con las ganas de seguir leyendo y nos hace preguntarnos qué nos encontraremos en el siguiente libro de Guadalupe Nettel. No se puede pedir más.


domingo, 16 de junio de 2013

Jorge Ordaz: El fuego y las cenizas

Idioma original: español

Año de publicación: 2011

Valoración: Recomendable


Esta novela, situada en Filipinas entre 1941 y 1945, narra la ocupación japonesa a partir del bombardeo de Pearl Harbor y el juego de fuerzas que se establece entre los países con algún interés en el archipiélago: Estados Unidos, España, Alemania y Japón. La evolución de la contienda y las maniobras diplomáticas conducirán a que el poder cambie de manos más de una vez y a que el destino de los personajes sufra altibajos enormes. En ese panorama, los individuos se colocan en un balancín, cada uno luchando ferozmente por situarse arriba, sin escrúpulos ni piedad, ejercitando la crueldad más inhumana si eso les conviene. La nacionalidad –en ese multicultural mosaico formado por la mezcla de etnias diversas-, las simpatías políticas, la codicia, el ansia de poder o simplemente la obediencia al superior determinarán las conductas de unos personajes, tan peligrosos como astutos, que apuestan fuerte, a menudo con muy poco que perder. Otras veces serán los avatares de la guerra las que les coloque en la cumbre o en el barro, en este caso, su único y desesperado objetivo será la supervivencia.

Con la dosis de intriga suficiente para mantener el interés del lector, emocionante en la recreación de hechos históricos que resultarían determinantes para los destinos de un gran sector del planeta y a partir de una minuciosa documentación previa, la trama se centra en el espionaje, enfocando a esas personalidades que, desde la sombra, trabajaron, unos para evitar al triunfo japonés y, una vez producido este, para acelerar su derrota, otros, para todo lo contrario.

Jorge Ordaz se muestra muy contenido en cuanto al número de hechos narrados. En un momento en que los escritores compiten para aprovechar la sed de estímulos de los lectores –muchas veces a cota de la verosimilitud- este autor, en un contexto como el bélico que aceptaría escenas de toda clase, se muestra tan sobrio como en su prosa. A lo largo del libro y en todos los aspectos, se adivina un espíritu lacónico y austero, un propósito de no exagerar, de no llevar absolutamente nada a su límite. Algunas escenas intrigantes o emocionantes se despachan con solo un par de frases.

Los personajes son casi un mero pretexto para el desarrollo de la acción. Destacaré a la malograda Graciella, a su amiga Gloria Casilig, que le venga tomando el relevo de sus pesquisas, a Matsu, el taxidermista, proteico hasta lo inverosímil, a Rummy, Kate y su frustrado idilio, al alemán Hauptman que se esfuma cuando las cosas se ponen feas y regresa con una identidad distinta y, por encima de todos ellos, a Ximénez de Gardoqui, el falangista español confabulado con alemanes y japoneses, cuya misión es conspirativa y el objetivo arrebatar el poder de manos americanas para conseguir el dominio de aquellos en el archipiélago y, consiguientemente, recuperar la influencia del gobierno franquista. Según avanza la acción se van concretando algunos perfiles aunque continúan siendo más funcionales que reales, lo que indica que se ha dado prioridad al aspecto histórico en detrimento del novelesco. Esto supone una opción como cualquier otra, aunque hubiese preferido un mayor equilibrio entre ambas.

Una lectura agradable e interesante aunque, en mi opinión, le faltan páginas. Personalmente agradezco que el novelista no se hay recreado en escenas truculentas, que no haya fantaseado a costa de la verosimilitud, pero lo encuentro demasiado conciso. También he echado en falta que abundase más en el asunto del espionaje ya que en realidad es el motivo central en torno al cual gira la trama, el que determina la mayor parte de los hechos que se narran y un factor tan novelesco como interesante desde el punto de vista histórico.

La poderosa maquinaria bélica lo arrasará todo convirtiendo esas prometedoras individualidades en meros supervivientes heridos en lo más profundo -es decir, en sombras de lo que fueron, como se apunta en una frase afortunada-, y a Manila en un montón de escombros. La conclusión que se extrae es que la guerra mata a muchos y solo beneficia a unos pocos, que todos los que se han visto envueltos en ella nunca más serán los de antes, ellos son los verdaderos derrotados, independientemente del bando al que pertenezcan.

sábado, 15 de junio de 2013

Kirmen Uribe: Lo que mueve el mundo

Idioma original: euskera
Título original: Mussche
Año de publicación: 2012
Valoración: recomendable

Tiene que ser difícil para un escritor ponerse delante del papel en blanco, cuando tu anterior novela ha tenido una repercusión como la que tuvo Bilbao-New York Bilbao, la primera novela de Kirmen Uribe (una repercusión, por cierto, que me parece justificada pero al mismo tiempo desmedida). Recuerdo, por ejemplo, haber leído cómo García Márquez tuvo que hacer un esfuerzo para apartarse de Cien años de soledad, pese a que los lectores esperaban precisamente más Cien años de soledad; el resultado de este esfuerzo fue El otoño del patriarca, de la que Jaime y yo ya hemos hablado muchas (demasiadas) veces.

En Lo que mueve el mundo (que sustituye al título original, Mussche) se nota en cierta medida esta necesidad de alejarse de la obra anterior, de no volver a escribir otra vez lo mismo: es, de hecho, una novela mucho más sencilla y más clásica, mucho menos "posmoderna", por usar un adjetivo que se ha aplicado habitualmente a Bilbao-New York-Bilbao. Y sin embargo, hay también evidentes continuidades entre una y otra novelas: para empezar, el narrador en esta es nuevamente el propio Kirmen Uribe, aunque ocupa un lugar mucho más discreto y menos central; el texto también es fragmentario y recorre diferentes tiempos y espacios (el Bilbao de la Guerra Civil, Bélgica antes y después de la Segunda Guerra Mundial, Inglaterra, Alemania...); también se recurre a la metaliteratura y a la metaficción, aunque con menor insistencia y desarrollo; y se mantienen algunas de las constantes temáticas (el viaje, el poder de la amistad, la guerra y sus consecuencias, la propia escritura) del primer libro.

Pero, como decía, en este caso los protagonistas no son ya la familia de Kirmen Uribe, sino una niña exiliada de la guerra civil, Karmentxu Cundin, y la familia que la acogió en Gante, la familia de Robert Mussche. Aunque el viaje al exilio de Karmentxu sirva inicialmente como detonante de la historia, después pasa a un segundo plano, y el centro lo ocupa el propio Mussche, su relación con el escritor Herman Thiery (que usó en sus obras el seudónimo Johan Daisne), su compromiso con la resistencia contra los nazis y su deportación a un campo de concentración en los últimos meses de la guerra.

El propio Kirmen Uribe cuenta, en las últimas páginas del texto, que escribió esta novela después de unos meses de sequía, como una especie de "exorcismo" tras la muerte de su amigo Aitzol Aramaio; fue este amigo quien le pidió que escribiese sobre un héroe, y Uribe escogió a Mussche, un hombre bueno en el buen sentido de la palabra, como diría Machado, que pagó caro el mantenerse fiel a sus principios. La novela resultante no es tan densa ni tan sorprendente como Bilbao-New York-Bilbao, pero quizás precisamente por eso gustará a un público más amplio, y dejará un buen sabor de boca a casi todos los lectores.

Una palabra final sobre la traducción de Gerardo Markuleta. Por lo que he leído de Kirmen Uribe en euskera (no esta novela, pero sí su poesía y Bilbao-New York-Bilbao), diría que utiliza un lenguaje muy llano, muy conversacional, muy accesible. Tengo la impresión de que esta traducción no ha sabido transmitir completamente esa simplicidad estilística, ya que algunas expresiones algo rebuscadas ("halló refugio", "advenimiento", "no le place"...) resultan chocantes y habrían sido fácilmente sustituibles por otras más coloquiales ("encontró refugio", "llegada", "no le gusta"). Tengo que decir, con todo, que esa impresión de extrañeza desaparece con el paso de las páginas, sea porque el lector se acostumbra, o porque efectivamente el lenguaje se hace más transparente a medida que avanza el texto.

viernes, 14 de junio de 2013

Junot Díaz: Los Boys

Idioma original: Inglés
Título original: Drown
Año de publicación: 1996
Traducción: Miguel Martínez-Lage
Valoración: muy recomendable

¿Por qué me ha costado tanto encontrar una imagen de la portada original de la primera edición de Mondadori de este libro? La de la edición que he leído, me refiero. Una portada oscura, sobria, con una foto en blanco y negro, sugerente de barrios mal iluminados, de esquinas inciertas, de suburbios, de habitaciones con desconchados en las paredes. No como la de la edición de bolsillo, colorista, post-moderna, er... "caribeña".
Curioso, también, lo concerniente a este escritor, que igual se fotografía con una camiseta Technics de militancia vinilista que con sobrios trajes y corbatas oscuros. Uno de los pocos casos que se ha escapado en ULAD de doble reseña, de su novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao (con leve discrepancia en el matiz de la valoración unánimemente positiva). De origen dominicano, pero que escribe en inglés. Cuya reciente nueva colección de relatos, Así es como la pierdes acaba de ser publicada, entre aclamación. Vaya,este Junot Díaz  parece un tipo peculiar.

Los Boys, inexplicable traducción/adaptación de su título original Drown (título de uno de sus relatos, que se traduce como Ahogado, cuando no hay un relato que se llame The Boys...) define al libro con una voluntad bilingüe. ¿Leeremos historias de barrio, de maras, de restaurantes de comida de los países de origen...?  ¿de flujo migratorio, de inclusión o exclusión social, de choque de culturas? Algo hay, claro. Las historias empiezan impregnándonos de esas situaciones de integración, y nos dejan remojados como un chaparrón de verano. Quiero decir que, recordándome algo aquel par de libros de Fabián Casas, la experiencia del escritor impregna las historias, con su tono casual y su aire doméstico, de vecindario, cuestión que convierte estos relatos en una declaración orgullosa de mestizaje a todos los niveles. Si bien el tono de los relatos de Junot Díaz es más urbano y más callejero. Sin forzar el vocabulario, sin llenarlo de jerga, los personajes (casi siempre jóvenes desocupados o con trapicheos al margen de la ley) van ocupando las páginas de estos relatos.
A poco que Díaz hubiera decidido que algunos nombres y algunas relaciones (más de las ocasiones aisladas) coincidieran,  tendríamos un perfecto fresco de vida en el ghetto, pero, decisión de escritor con personalidad, los deja a casi todos huérfanos de vínculos claros conlos demás. Como esos travelling de cámara en ciertas películas, avanzamos de apartamento en apartamento y ahí están. Abandonados por sus novias u obsesionados por los vecinos. Cometiendo pequeños delitos para subsistir o viendo pasar la vida desde la actitud contemplativa del que tiene una cerveza en una mano y en la otra un porro, o el mando de la TV. Amargo far niente, pero con un extraño orgullo de los orígenes y un alto sentido de actitud vital. Los personajes de Díaz no sufren o no convierten el sufrimiento en el centro de su existencia. Van y vienen. Hablan del presente y fascinan por su naturalidad, su cercanía y su extraña y relajada existencia, la mayoría de las veces ajena al prototipo urbanita, arraigada en el suburbio, en el barrio precario, en la existencia exenta de acomodo. El relato final, Negocios, el más prolongado, simplemente una magnífica novela de emigración comprimida en apenas 40 páginas de un nivel sencillamente escandaloso. Y los demás, sin quedar atrás.
En fin; permitidme que a estas alturas abrevie un poquito...qué historias más frescas, narices.


jueves, 13 de junio de 2013

Margaret Atwood: Oryx y Crake

Idioma original: inglés
Título original: Oryx and Crake
Año de publicación: 2003
Valoración: Recomendable

Ya hemos hablado aquí alguna vez del creciente interés que la ciencia ficción (o ficción especulativa, por usar un término más amplio) está despertando en autores consagrados en otros géneros: Nunca me abandones de Kazuo Ishiguro, La carretera de Cormac McCarthy, en España Lágrimas en la lluvia de Rosa Montero... Y también Margaret Atwood, que se integra en el subgénero post-apocalíptico con esta novela, Oryx y Crake, y sus secuelas (una publicada y otra en camino).

El inicio de la novela sitúa al lector en un escenario reconocible: un personaje conocido como "Hombre de las Nieves" recorre un mundo en ruinas, sucio, solitario y hambriento. Algo ha sucedido (todavía no sabemos qué) que ha provocado la práctica desaparición de la especie humana, sustituida por una nueva especie conocida como crakers, y ha reducido la civilización a ruinas y a polvo. Además, pronto descubrimos que en este mundo habitan criaturas híbridas, como los cerdones, los mofaches o los loberros (mis enhorabuenas al traductor, Juanjo Estrella, por su adaptación de estos y muchos otros neologismos que aparecen en la novela).

Luego, a través de flashbacks, asistimos a la vida del Hombre de las Nieves (nombre real: Jimmy) desde la adolescencia hasta la edad adulta, y su relación con su genial amigo Crake (nombre real: Glenn). Así, el lector se esfuerza por intentar adivinar cómo se ha podido pasar desde A -el mundo, ya decadente, en que vive y trabaja el joven Jimmy- a B -el mundo postapocalíptico en que vive Hombre de las Nieves. La respuesta solo se conocerá en los últimos capítulos, en que Hombre de las Nieves vuelve al lugar en el que se inició todo: el laboratorio conocido como Paraíso en un complejo científico-empresarial de bioingeniería. El nombre de Paraíso no es casual: muchos elementos en esta novela, como en Mecanoscrito del segundo origen de Pedrolo, tienen una clara filiación bíblica.

Margaret Atwood parece partir de un principio semejante al de John Brunner en El rebaño ciego (aunque Atwood es menos gráfica en sus descripciones): el desarrollismo científico, si no se equilibra con ecologismo y humanismo, nos va a llevar al desastre. De hecho, la sociedad que presenta Atwood inmediatamente antes de la catástrofe se caracteriza por la segregación social (los ricos en complejos protegidos, los pobres en "plebillas", suburbios inmundos y contaminados),  el cambio climático (que ha sumergido una parte importante de la costa Este de EE.UU.) y el control de grandes empresas químicas, farmacéuticas o biogenéticas dedicadas a la manipulación genética de plantas, animales e incluso humanos.

El peligro que le veo a esto es que se meta todo en un mismo saco (en una misma caja de Pandora): la investigación genética, el desarrollo de nuevos fármacos, internet (que en la novela es vehículo de pornografía infantil y violencia extrema), la globalización, el cultivo de órganos humanos en animales para transplantes, la creación de pollos sin plumas ni cabeza para que sean más fáciles de procesar, la contaminación, la hipertecnificación de la sociedad... En fin, que la prudencia y la necesaria vigilancia a los avances técnicos, sobre todo cuando están supeditados a los intereses empresariales, parece transformarse a veces en un cierto ludismo o conservadurismo generalizado. Así, el espíritu crítico de Atwood, su sátira de la sociedad contemporánea, se impone en este sentido a la creación de personajes profundos o simpáticos; sorprende en especial la parquedad y superficialidad de los personajes femeninos, Oryx incluida.

Pero al margen de estas consideraciones, Oryx y Crake es una buena novela dentro de su sub-género, con elementos de aventura, romance y thriller, aunque sin la densidad ni la capacidad sugestiva de La carretera, en mi opinión. Una lectura más entretenida que rompedora, aunque desde luego muy efectiva.

También de Margaret Atwood: Érase una vez, El asesino ciego, Doña Oráculo